mayo 08, 2012

Disonancia

Seré siempre mejor lector que escritor. 
Ya muy dicho está eso de que no hay una actividad sin la otra.   Lo que me sucede en este caso es que soy idénticamente implacable como lector cuando el texto es mío, si no es que más.
Como lector busco no atorarme en un solo enunciado, no poner jamás en duda el orden de ninguna palabra, no querer que lo leído hubiese sido de otro modo, porque ese deseo significa que las palabras leídas están demasiado a mi alcance como para admirarme de ellas,  por tanto susceptibles de haber sido escritas por mí.  Es decir, si en un texto ajeno siento titubeos, borrones, por mínimos que estos sean, estoy experimentando lo mismo que siento al leerme a mí.  A mí puede frenarme una coma mal puesta.  Y mal puesta lo digo en el sentido de que la coma me estorbe más de lo que me ayuda al dibujamiento de una idea.
No seré nunca un lector conforme, en lo que a mi propia posibilidad de textualidad respecta.  Hoy escribo esto pensando que no está tan mal,  que después de todo tiene un ritmo tolerable y una exposición consistente y adecuada.  Mañana seguro no me gustará tanto como hoy, pero lo adjudicaré al hecho de que al releerlo memorizo sus pasajes y muros ciegos, cosa que el lector novel no hará, y con suerte descubrirá con la frescura misma con que yo lo pensaba al verterlo al papel.  Pasado mañana esta cosa será absolutamente inaceptable y desearé no haberla escrito jamás.
Sé que no se puede.  Sé que mucho mejor resulta que me deshaga de este barullo, por basuriento que sea.  Si me lo quedo se consume dentro del cráneo y empieza a parecerse demasiado a un cigarrillo deshecho en sus propias cenizas, que pudo ser algo, siquiera para que alguien lo fumara, y ahora se le deja morir y se marchita y no es si no eso.  Nada.

1 comentario:

  1. Esta declaración de principios es impecable, amigo Belianís. Anda uno preocupado por lo poco y seguramente mal, que lee. Aquí defines las lineas básicas ¿acaso hay otras? sobre las que la lectura se convierte en el aparato crítico primordial, la herramienta para desencriptar la realidad, que viene ya de fábrica bastante compleja. Esa capacidad de síntesis que me achaca, la ve uno también en usted, y aprende. Yo le sumaría además una excelencia en hacer preguntas, que es lo principal en filosofía. Suyo, Al-Juarismi.

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