(...)
así estáis bajo un propicio
tempero
vosotros, los que no educa ningún
maestro, sino,
maravillosamente omnipresente, en
leve abrazo,
la potente Naturaleza de
hermosura divina.
Por eso cuando ella parece
dormir, en ciertos tiempos del año,
allá en el cielo o entre las
plantas o los pueblos,
también se entristece el rostro
de los poetas;
parecen estar solos, pero la
presienten siempre.
Pues presintiéndose reposa ella
misma.