Hablar / escribir justificándose todo
el tiempo cuando nadie te ha pedido que justifiques nada, es hablar desde el
miedo. Vaya si sabré yo de esta modalidad de escritura. Tal vez uno tenga que
aceptar por una vez con todo descaro la ingenuidad que se carga y dejar los
titubeos cobardes (las tibiezas, los academicismos intelectualoides, las medias tintas...) para más tarde. Para nunca.
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noviembre 11, 2013
octubre 14, 2013
5. Hiperdesvínculo
Que nada llevara a nada. Que cada
palabra se encerrara en la que le precede como muñeca rusa. No se sabría a dónde.
De dónde. No habría cita textual ni referencia. Ni ‘véase también’ ni nada de nada. Las
relaciones entre las cosas, cualquiera que fuese su intención o modalidad, serían impensables, mal vistas incluso. Todo desconectado. Las palabras estarían sueltas y serían tal vez inútiles. En este ámbito la gente quedaría ciega al principio, teniendo que hacer un esfuerzo enorme por despertar, por escuchar de nuevo, por ver de nuevo verdaderamente.
octubre 12, 2013
2. Quietud
Entre los muy escasos beneficios
de haber estudiado Comunicación está la conciencia clara de que todo enunciado
debería tocar un punto B tras ser emitido. No quiero detallar
esta opinión ahora. Sólo sé que es preferible pensar así que ajustarse a la
gratuidad absoluta del ‘mensaje’ contemporáneo (cosas en la línea de mi
cuadro merece estar colgado aquí) donde el enunciado no
dirá ya nada porque su punto B le tiene sin cuidado, tiene
poco claros sus recursos y competencias: confunde su vanidad con, por decir algo... hermetismo,
sutileza, abstracción...
Ponerlo todo tan
profundamente en duda lleva a la quietud. Mi quietud resulta de no encontrar
tranquilidad entregándome a la crítica grandilocuente (leí / vi / escuché esta
joya de cuarteto, pintura, película etc. una barbaridad… lo cubres de elogio o
lo sepultas en mierda extremos igualmente deplorables con sabrás tú cuál
potestad infalible). Tampoco me siento muy prolijo con la posibilidad de
comentar algo encima de algo. Sobre un tema de ______, siempre
lo mismo, recalcar lo bien escrito que está el libro de______ pero para
beneficio de quién.
No. Cuando consumo
algo que me parece bueno, siento que hablar con énfasis al respecto es
traicionar su esencia. Me encuentro de pronto haciendo una paráfrasis de
escuelita, por muy inspirada que me salga.
No estoy seguro. En
general pienso: ¿A quién le interesa esto? ¿Querías impresionar a
alguien…, es eso? No hay nadie afuera. O en todo caso: hay
cinco millones de personas que son prácticamente como tú, con preocupaciones
afines y toda la cosa pero tú no lo sabes. Visiblemente ninguna de
estas variantes infinitas de mí mismo (tú mismo) ha demostrado interés real ni
factible por establecer contacto conmigo (contigo). Mientras tanto yo sigo razonando tensamente cuál
diantre es mi punto B.
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