agosto 28, 2014

African Flowers

Sofisticación. Sofista. Sofisma. Vas y le muestras entusiasmado una pieza a tu amigo o a tu pariente. A falta de algo mejor te dirá que le suena sofisticada. Tú entiendes que eso y nada es lo mismo; lo sofisticado vendió su naturalidad a cambio de una elegancia extremada. ¿Cómo podrías confiar en algo sin naturalidad?
Claro que te dicen naturalidad como si la naturaleza fuese diáfana, llana, constante, simétrica, incapaz de sorpresas y sustos de los más genuinamente canijos. Se dice naturalidad como evidenciando que esforzarte la más mínima mierda en tu vida es lo natural. Toda insinuación de intrincamiento conduce de inmediato a lo sobrenatural, a la queja y las caras que te harán gestos el resto de tu vida. Todo lo sobrenatural va que vuela para sofisticado si no lo limas para dejar de andarte con tus complicaciones deliberadas.
Vaya, que a lo sofisticado se le respeta, se le admira, sobre todo se le ignora bien pinches cabrón porque hay música más simple que te llega al alma e inflama los corazones de la gente con su honestidad y su dirección directamente directa.
Lo sofisticado se elevó para luego tornarse incomprensible e indistinto. Es inútil, pero de momento quisiera deshechar este adjetivo, me agobia que aparezca cada que para éste o aquel algo deja de ser obvio (aunque nada es obvio nunca, no desde la ignorancia).
Al final no sé de mucha gente que piense que los copos de nieve son sofisticados por sus formas poco obvias; o que el a todas luces innecesario esfuerzo de una nube por dejar de parecerse a sí misma proceda de una sofisticación sólo más artificial e indignante con cada lluvia; sofisticadas: que la disposición de unas manchas felinas o de unas dunas o de un otoño de arce tirado en el adoquín lo sean por la afectada matemática de su trazo. Toda esta complejidad es sólo natural para la naturaleza que tan seguido intenta cachetearte desde lo no obvio para que despiertes un rato aunque sea.
Una progresión armónica inaudita, una melodía improbable, todo eso es sofisticado en las manos de Rodolfito. En las manos de Duke Ellington vas a permitir lo impensable y además procurarás callarte por una vez en tu vida las ganas tan grandes que tienes de sentirte en elevadores, supermercados y restaurantes cada que en algún lado suena jazz. Si alguna vez has sentido algo parecido al optimismo respecto a tu especie agradecerás que al menos para alguien esto sea alcanzable desde la más enrarecida naturalidad, esa que de verse restaura la confianza.
Es hasta que agarraras la partitura de lo que se dijo una sola vez en vivo, cuando diseccionas el logro de un momento, cuando descifras la música o intentas aprenderla... es entonces que observas la maraña enredadísima de estos cerebros, la complejidad verdadera, oculta, disimulada en la velocidad, la inmediatez, la irrepetibilidad de las nubes.


2 comentarios:

  1. La simpleza es tan sofisticada que aplaude lo absurdo. Ya Hegel, que parece que murió ayer mismo, en su estética, se propone centrar su estudio en la belleza artística, y dejar la belleza natural a un lado. Si los árboles hablaran, dirían, ¿adonde irán estos arbustos con tanta prisa? por nosotros, claro, que más nos vale ser sofisticados si no queremos adorar finalmente a Godzilla. Excelente reflexión, muy sugestiva. Un abrazo, Rodolfo.

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    1. Tu visita siempre arroja luz distinta sobre mis textos, admirado amigo. En todo caso no pretendía condenar esta palabra ni mucho menos, sólo la forma en que la gente, me parece, abusa de ella para descartar, para huir. Al final sospechan de todo lo que no les llega claro y blando. Lo sofisticado es entonces premio pero sentencia. La indolencia con que abordan todos los temas posibles da miedo. Abrazo también hasta allá, Manuel.

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