octubre 12, 2013

3. Ibero vs Salle

Hay como un pudor sobre el tema, pero quienes vivimos en esta ciudad (León) no podemos entregarnos a ese cabeceo horizontal que va del cerro Gordo al cerro del Gigante, sin pensar que estamos contemplando polos, si no opuestos, por lo menos muy distantes.
Tema sensible, cómo no. Creo que cuento más amigos que estudiaron en la Ibero. No tiene nada que ver. Ellos son ellos, ninguna institución los deformó al punto en que dejaran de hablarme. Es curioso advertir, eso sí, cómo el alumnado puede o no volverse baluarte de su escuela. En mi experiencia, el alumnado de la Ibero ostenta por lo general su pertenencia a la institución. El de la Salle más bien masculla amargo, reniega cuando puede.
Como sea, hay un detalle agridulce que yo observo como el más contrastante entre las formas tipo de proceder de una y otra universidad: es la impresión de que en la Ibero lo que sobra es el apoyo, el cobijo, el estímulo a la voz del alumno. En la Salle en cambio, el apoyo es lo que falta, y salvo una o dos excepciones, este cobijo no se produce. (O por lo menos no se produjo mientras estuve allí).
Estoy en un terreno de matices ambiguos, lo sé. El apoyo puede resultar muy bien hasta que se descarrila rumbo al terreno de la condescendencia absoluta. La falta de apoyo, en su medida, sólo contamina, aunque tanto como la condescendencia, me parece. En retrospectiva veo cuánto me pesa el tipo de ‘formación’ dominante de la Salle, al punto de verlo ahora casi como algo positivo: me la pienso setenta y ocho veces antes de osar pronunciar algo, dudoso siempre bajo el estigma de que alguien me descartará sin miramientos. Si algo no tengo, (si algo no alimentaron en mí) son ilusiones infundadas. No veo una vertiente de tema de interés en cada cosa posible. No sé si me alegro o lamento esto.
Antes envidiaba ese entorno tan vibrante y fértil de la Ibero. Ya no tanto. Creo que la decadencia académica va al parejo en la educación superior de León. No hay grandes contrastes. Por supuesto estoy hablando en líneas muy generales. Estoy hablando de la forma institucional de administrar la educación que, como tantos otros han dicho, es justamente en su institucionalización que se echa a perder, como todas las grandes empresas humanas (¿humanistas, humanitarias...?) a las que se les ocurre constituirse formalmente, la educación entre ellas. La aridez y la distancia docente en mi carrera para con los alumnos es algo que no puedo dejar de advertir como una marca en mi comportamiento. Hasta aquí la reflexión.

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